De la automatización al sistema completo. El mismo estudio desde el primer script hasta el ERP que lo sustituye todo.
Descargar un fichero, renombrarlo, subirlo a otro sitio. Son las cosas que nadie documenta porque parecen demasiado pequeñas, y que acaban comiéndose una hora al día durante años.
Soporte, facturación, altas de cliente, avisos. El proceso sigue existiendo y sigue estando controlado, pero ya no hay una persona sentada delante esperando a que ocurra algo.
La tienda con el almacén, el CRM con la contabilidad. El trabajo de verdad casi nunca es el código: es averiguar por qué los datos de un lado no encajan en el otro y quién decidió eso hace seis años.
Una tienda, un portal, una herramienta interna que usa gente que no la pidió. Aquí el diseño pesa tanto como la arquitectura, porque alguien va a abrirla a las ocho de la mañana todos los días.
Un ERP a medida para cuando el genérico ya cuesta más de lo que resuelve. Es el encargo más largo que aceptamos y el único en el que la primera semana se dedica entera a decidir si merece la pena hacerlo.
Nueve segundos son el 0,06 % de cuatro horas y veinte minutos. A esta escala, las barras de abajo no se pueden dibujar.
Cuatro encargos recientes, de los de dos días a los de tres meses.
Cuentas por comunidad, derramas, convocatorias, actas y remesas bancarias. Antes vivía repartido entre un programa de los noventa, tres hojas de cálculo y la memoria de dos personas que llevaban allí quince años.
Buena parte del proyecto fue reconstruir reglas que nunca se habían escrito en ningún sitio.
Las preguntas repetidas se contestan sin intervención. Las demás llegan ya clasificadas a quien corresponde, con el historial del cliente delante y sin que nadie tenga que buscarlo.
Nadie salió del equipo. Simplemente dejaron de empezar el día con cuarenta correos iguales.
Pedidos de Shopify que bajan al almacén, stock que sube, facturas que se emiten sin que nadie las teclee. Un pedido deja de ser cuatro tareas repartidas entre tres personas.
Lo lento siempre son las excepciones: devoluciones, packs, roturas de stock a mitad de pedido.
Desde una landing que tiene que estar el viernes hasta una tienda completa con catálogo y pasarela. Rápidas de cargar y editables sin llamarnos para cambiar un precio.
Suele ser el primer encargo de un cliente que después vuelve con algo bastante más grande.
Kalos trabaja con empresas que ya tienen el negocio en marcha y un proceso que se les ha quedado pequeño. Llegamos cuando la hoja de cálculo deja de sostenerse y antes de que el problema se convierta en una migración de urgencia.
La primera conversación es siempre con la persona que va a diseñar el sistema. No hay comercial que traslade lo que has dicho a otro sitio, ni presupuesto que cambie a mitad de proyecto.
Con una descripción del proceso basta para saber si tiene solución, cuánto tarda y cuánto cuesta. Respondemos en un día laborable.